A veces la vida se aburre de mi, no le gusta verme tan segura y apachurrada, tan monótona, con la falsedad tranquila del que no ve porque no mira. Entonces se detiene y me hace tropezar, para que me de cuenta que mas vale vivirla antes que se me vaya de puro aburrida.
Y me desacomoda, y me asombra, me espanta y me exita, y me duele la cabeza y se anuda mi estómago...porque saben que por un rato, se acabó la rutina.
Y camino de aca para alla, sin darme cuenta dónde ni para qué -pero descargando tensiones- barriendo lo barrido, lavando lo lavado, limpiando lo limpiado... y buscando con ansiedad alguien a quien contarle lo que me pasa , y alla voy, con el paso tenso pero tranquilo, aunque ¡Qué me importa la gente! Pero tampoco que piensen que estoy loca, y mi alma vuelca suspiros y lamentos, sustos y proyectos en esas orejas pacientes que tienen mis amigas, las que ya saben de otros suspiros y de otras caidas, y ya no se asustan de nada, menos de mis extravíos, mis realidades y mis fantasías.
Y a veces me retuerzo ante la sabiduría repetida con que me encauzan en esa realidad que a mi se me pierde, extraviada entre tanta inconciencia, y trato de justificar, de poner excusas, pero ya tanto me conocen, que ahi ya solo me miran, y yo me enrosco en mi vergüenza de no animarme a mirar de frente a esta vida y aceptarle los cambios que me ofrece...si quizás hasta sea mas divertida!
Entonces, con el alma vendada con tanta sabiduria, vuelvo a mi casa pensando ¡Qué cosa rara es esta vida! Y me acurruco en mis espacios seguros, esperando que se curen mis heridas...
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