Me gusta ver a las personas detrás de los mil gestos imperceptibles que las delatan.
Aquellos gestos que se escapan por las fisuras de sus máscaras, los que aparecen subrepticiamente cuando se aflojan y el disfraz se les desacomoda.
Me gusta encontrar el gesto inconciente, el tono de voz escapado de control, la mirada desbordada por un sentimiento...Solo entonces vemos los hilos que tejen la trama de la vida de esas personas, los verdaderos, los que la impulsan, los que mantenemos siempre mas o menos escondidos, porque mostrarlos nos haria tremendamente vulnerables.
Algunas personas hacen un arte de esto de esconder profundidades y mostrar superficies, y tan automatizadas están que solo el cataclismo de un sentimiento desconocido los desquicia.
Entonces, claro, verdaderamente se desquician, porque ya no pueden ir y venir aceitadamente por la vida.
Y esto es extraordinario: para quien lo siente es el enorme regalo de permitirse vivir algo diferente, y para quien lo ve, el asombroso descubrimiento, en vivo y en directo, de la capacidad para romper sacos de fuerza que tienen los sentimientos
martes, 24 de mayo de 2011
viernes, 20 de mayo de 2011
Las palabras
Me inquietan a veces a dónde van a parar las palabras...
Las soltamos a veces asi nomás, pensando que se van a estacionar en las personas a las que les hablamos. Pero no, esto no sucede casi nunca, una vez que las palabras se sueltan, ya nadie sabe dónde se las va a volver a encontrar. Y cómo.
A veces las encontramos enredadas en otras palabras de otras personas, invadiendo pensamientos ajenos, a veces doblando curvas peligrosas y desbarrancándose, tergiversadas en significados que jamás pensamos en darles cuando las soltamos.
A veces las vemos andando haciendo estragos disfrazadas con distintos tonos de voz, a veces disfrazadas de intenciones diferentes.
A veces también vuelven escondidas detrás de acciones y destinos que lograron empujar...a veces vuelven acobardadas, cansadas, derrotadas por otras palabras mas violentas, mas astutas, mas agresivas.
A veces hay palabras que salen apenas, temblando, pero se van encontrando con otras y se van reconociendo, y se hacen fuertes juntas, contra cualquier viento.
Me inquietan a veces las palabras...nos arrepentimos a veces de decirlas y a veces de callarlas...
Me inquietan porque pueden desatar guerras, no, no mundiales, sino las guerras mas peligrosas, las mas solapadas, las mas destructoras, las que se gestan todos los dias desde la envidia, los celos, las debilidades...
Por eso creo que hay que cuidar las palabras. Creo que no hay que dejarlas sueltas así nomás, desparramándose en oídos y páginas, porque con ellas muchas veces no va el entendimiento para que pueda iluminarlas.
Las soltamos a veces asi nomás, pensando que se van a estacionar en las personas a las que les hablamos. Pero no, esto no sucede casi nunca, una vez que las palabras se sueltan, ya nadie sabe dónde se las va a volver a encontrar. Y cómo.
A veces las encontramos enredadas en otras palabras de otras personas, invadiendo pensamientos ajenos, a veces doblando curvas peligrosas y desbarrancándose, tergiversadas en significados que jamás pensamos en darles cuando las soltamos.
A veces las vemos andando haciendo estragos disfrazadas con distintos tonos de voz, a veces disfrazadas de intenciones diferentes.
A veces también vuelven escondidas detrás de acciones y destinos que lograron empujar...a veces vuelven acobardadas, cansadas, derrotadas por otras palabras mas violentas, mas astutas, mas agresivas.
A veces hay palabras que salen apenas, temblando, pero se van encontrando con otras y se van reconociendo, y se hacen fuertes juntas, contra cualquier viento.
Me inquietan a veces las palabras...nos arrepentimos a veces de decirlas y a veces de callarlas...
Me inquietan porque pueden desatar guerras, no, no mundiales, sino las guerras mas peligrosas, las mas solapadas, las mas destructoras, las que se gestan todos los dias desde la envidia, los celos, las debilidades...
Por eso creo que hay que cuidar las palabras. Creo que no hay que dejarlas sueltas así nomás, desparramándose en oídos y páginas, porque con ellas muchas veces no va el entendimiento para que pueda iluminarlas.
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