domingo, 20 de noviembre de 2011

Las miserias del poder...

El perro, harto de comida, caminó pesadamente hasta la sombra del alero.
Giró sobre el suelo buscando el lugar mas fresco y al fin, acomodado y satisfecho, se echó cómodamente, bostezó y apoyó la cabeza en las patas...
Y ahí vio que el gato se acercaba a los restos de comida que habia dejado. Furioso, se levantó de un salto ladrándole desaforadamente y corriendo hacia él como para masticarlo entero.
El gato, con un susto de espanto sabiéndose mas débil, agachó el cuerpo y salió disparado hacia las ramas de un árbol. Desde allí atisbaba, esperando con ansiedad y paciencia entre el deseo y el miedo, que el perro se descuidara un momento.
La lechuza, que somnolienta los miraba, pensó:
- ¡Parecen humanos!