Lo que me da miedo de la muerte es que es tan definitiva, tan total, con tanto poder sobre mi, que no tengo argumento ni reclamo que la distraiga.
Es tan paciente que me espera durante toda la vida mientras yo deambulo amando y sufriendo, aprendiendo y olvidando, construyendo castillos propios y ajenos, armando trabajosamente espacios que imaginamos eternos... y ella ahi...
Sentada en una piedra al borde de nuestro camino, con la paciencia que de la seguridad de que tarde o temprano la vamos a ver y vamos a ir hacia ella.
Y entonces...¿Cómo explicarle que hay amores que todavia no viví, que hay tareas que todavia tengo que aprender a hacer, que tengo espacios a medio construir?... ¿Cómo convencerla, cómo negociarle un rato de tiempo o el atisbo real de otra vida para gastar?
Esta señora flaca y oscura, que sentimos tan lejana y ajena hasta que un sacudón del cuerpo nos trae a la realidad, tiene el poder de hacernos saltar de este arroyito del tiempo al mar del tiempo intemporal...
Pero a veces pienso que quizás también tenga sus debilidades, y se distraiga mirando quien sabe qué maravilla del Universo, mientras nosotros pasamos de largo sin que nos vea, andando a velocidades locas en rutas miserables, hurgando enchufes con un alambrecito, cruzando la calle sin mirar, trepando montañas o navegando sin salvavidas...
Entonces, quizás perdonando nuestras locuras, cierra los ojos un rato, para regalarnos el gusto de arriesgarnos, de sentirnos fuertes, poderosos, libres, eternos...