viernes, 23 de septiembre de 2011
Estoy...
Estoy en esa edad en que el pelo se ha vuelto blanco y el alma amanece llena de colores, en la que veo mejor con la intuición que con los ojos del cuerpo, en que no corro mas haciendo un montón de cosas, prefiero sentir un montón más las pocas cosas que, de verdad, me gusta hacer. Sin culpas.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Personajes...
Se la ve flaca, con esa flacura dolorosa de fideo eléctrico, tormento de sillas y colchones, no por el peso, esto es claro, sino por sus incontrolables y continuos movimientos, acomodamientos, cambios de lado, cruce de piernas, toque de cara, casi se levanta, pero ya se vuelve y se sienta, y uno piensa que se desarma, pero no, allá va ligerito, pasos largos, sale y entra.
La voz le sale tan rápido que casi tartamudea, y tal vez por timidéz o por crianza a veces actúa con soberbia.
Tal vez porque es tan flaca en su cuerpo no entra la paciencia, ni la valentia ni el coraje, ni la libertad del alma que nos da la independencia.
A veces me pregunto si de todo esto ella se da cuenta, si la violencia reprimida que se le escapa en críticas mordaces y en pequeñas miserias será tan solo el desborde de demasiadas soledades, demasiadas frustraciones, de querer lo que no puede y de poder tantas cosas que, en realidad, no quiere...
La voz le sale tan rápido que casi tartamudea, y tal vez por timidéz o por crianza a veces actúa con soberbia.
Tal vez porque es tan flaca en su cuerpo no entra la paciencia, ni la valentia ni el coraje, ni la libertad del alma que nos da la independencia.
A veces me pregunto si de todo esto ella se da cuenta, si la violencia reprimida que se le escapa en críticas mordaces y en pequeñas miserias será tan solo el desborde de demasiadas soledades, demasiadas frustraciones, de querer lo que no puede y de poder tantas cosas que, en realidad, no quiere...
martes, 13 de septiembre de 2011
Espinas
Alguien me dijo uno de estos días:
_ ¡Hay gente tan miserable que supera mi capacidad de asombro!
Seguro todos tenemos miserias chicas y grandes, mas o menos escondidas en el alma y el cerebro, miserias encadenadas por la decencia, la vergüenza o el miedo.
¡Qué asombro tienen esos amigos de noches estiradas en vino, café y confidencias, cuando de un resquicio se me suelta alguna frase que muestra, desnuda, alguna de mis miserias!
Entonces me miran como descubriéndome en otra dimensión, en mis medidas verdaderas, en mis pequeñeces escondidas, arrinconadas, sofocadas.
Y quizás les asuste descubrir cosas que preferirían no saber, pero lo que realmente les pone la piel de gallina es que les estoy ofreciendo pedazos de mi alma, que en realidad les estoy diciendo que confío tanto que no tengo el menor temor de que me hagan daño, es mas, estoy segura que me van a entender y van a palanquear mi alma para sacarla de entre los escombros y hacerla andar otra vez.
Es cierto, hay gente que va juntando (voluntaria o involuntariamente) miserias desde que están gestándose en las panzas de sus madres, y luego (voluntaria o involuntariamente) las van desparramando durante toda la vida.
Pero tal vez también nosotros necesitemos un espejo en el que mirarnos. Tal vez toda una vida de comportamiento educado nos ha mantenido encerradas a presión miserias que, como erizos, asoman sus púas en palabras y acciones.
¿Estamos seguros de tener cerca alguien que nos quiera tanto como para abrazarnos hasta gastar las púas? ¿que nos obligue pacientemente a sacar, arrancar, limar, tirar para afuera todas las púas que lastiman para afuera y para adentro?
¿Estamos dispuestos a dejarnos abrazar, aún sabiendo que arrancarnos las púas nos va a doler a veces como un granito y a veces como una cirugía mayor?
Lo bueno es que, seguro, contamos para esto con las personas que nos aman, no tanto por solidarias, sino porque son ¡pobres de ellas! las primeras que reciben los golpes de nuestras miserias y la increible variedad de nuestras excusas.
_ ¡Hay gente tan miserable que supera mi capacidad de asombro!
Seguro todos tenemos miserias chicas y grandes, mas o menos escondidas en el alma y el cerebro, miserias encadenadas por la decencia, la vergüenza o el miedo.
¡Qué asombro tienen esos amigos de noches estiradas en vino, café y confidencias, cuando de un resquicio se me suelta alguna frase que muestra, desnuda, alguna de mis miserias!
Entonces me miran como descubriéndome en otra dimensión, en mis medidas verdaderas, en mis pequeñeces escondidas, arrinconadas, sofocadas.
Y quizás les asuste descubrir cosas que preferirían no saber, pero lo que realmente les pone la piel de gallina es que les estoy ofreciendo pedazos de mi alma, que en realidad les estoy diciendo que confío tanto que no tengo el menor temor de que me hagan daño, es mas, estoy segura que me van a entender y van a palanquear mi alma para sacarla de entre los escombros y hacerla andar otra vez.
Es cierto, hay gente que va juntando (voluntaria o involuntariamente) miserias desde que están gestándose en las panzas de sus madres, y luego (voluntaria o involuntariamente) las van desparramando durante toda la vida.
Pero tal vez también nosotros necesitemos un espejo en el que mirarnos. Tal vez toda una vida de comportamiento educado nos ha mantenido encerradas a presión miserias que, como erizos, asoman sus púas en palabras y acciones.
¿Estamos seguros de tener cerca alguien que nos quiera tanto como para abrazarnos hasta gastar las púas? ¿que nos obligue pacientemente a sacar, arrancar, limar, tirar para afuera todas las púas que lastiman para afuera y para adentro?
¿Estamos dispuestos a dejarnos abrazar, aún sabiendo que arrancarnos las púas nos va a doler a veces como un granito y a veces como una cirugía mayor?
Lo bueno es que, seguro, contamos para esto con las personas que nos aman, no tanto por solidarias, sino porque son ¡pobres de ellas! las primeras que reciben los golpes de nuestras miserias y la increible variedad de nuestras excusas.
domingo, 4 de septiembre de 2011
¿Por qué no?
Hace muchísimo tiempo que vaga en mi cabeza esta situación de incoherencia que tienen las personas que parecen inteligentes entre lo que sienten, lo que quieren, lo que piensan, lo que desean y lo que finalmente dicen y hacen.
Es asombroso ver y escuchar a personas adultas, con variados títulos y suficientes experiencias enredarse con increibles explicaciones y hablar con metáforas y rodeos de lo que sienten, cosas que cualquier persona común charlaría abiertamente y más: viviría la experiencia con gracia y soltura y ya está.
A veces me pregunto de qué tienen miedo...¿Qué las paraliza?
Tal vez el miedo a la reacción de las otras personas ¿o el miedo a sus propios sentimientos?
¿El miedo a que las hagan caer de un supuesto pedestal?
Miedo tal vez a que la sociedad las juzgue... ¿O miedo provocado por sus prejuicios?
¿Miedo a que las situaciones se desquicien, los sentimientos enloquezcan, los deseos se desaten, los pensamientos se enreden y estallen como fuegos artificiales?
¡Aleluya! ¡Alegría! ¡Festejemos! ¡Eso es la vida!
Claro, no, no toda la vida, pero ¿qué tal si nos soltamos un poco de las seguridades, de nuestra estructurada, medida, pesada, predecible y controlada vida?
¿Qué tal si una mañana de estas nos despertamos con esas ansias irreprimibles de dejar libres nuestros sentimientos...y nos permitimos hacerlo?
Es asombroso ver y escuchar a personas adultas, con variados títulos y suficientes experiencias enredarse con increibles explicaciones y hablar con metáforas y rodeos de lo que sienten, cosas que cualquier persona común charlaría abiertamente y más: viviría la experiencia con gracia y soltura y ya está.
A veces me pregunto de qué tienen miedo...¿Qué las paraliza?
Tal vez el miedo a la reacción de las otras personas ¿o el miedo a sus propios sentimientos?
¿El miedo a que las hagan caer de un supuesto pedestal?
Miedo tal vez a que la sociedad las juzgue... ¿O miedo provocado por sus prejuicios?
¿Miedo a que las situaciones se desquicien, los sentimientos enloquezcan, los deseos se desaten, los pensamientos se enreden y estallen como fuegos artificiales?
¡Aleluya! ¡Alegría! ¡Festejemos! ¡Eso es la vida!
Claro, no, no toda la vida, pero ¿qué tal si nos soltamos un poco de las seguridades, de nuestra estructurada, medida, pesada, predecible y controlada vida?
¿Qué tal si una mañana de estas nos despertamos con esas ansias irreprimibles de dejar libres nuestros sentimientos...y nos permitimos hacerlo?
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