domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Por qué no?

Hace muchísimo tiempo que vaga en mi cabeza esta situación de incoherencia que tienen las personas que parecen inteligentes entre lo que sienten, lo que quieren, lo que piensan, lo que desean y lo que finalmente dicen y hacen.
Es asombroso ver y escuchar a  personas adultas, con variados títulos y suficientes experiencias enredarse con increibles explicaciones y hablar con metáforas y rodeos de lo que sienten, cosas que cualquier persona común charlaría abiertamente y más: viviría la experiencia con gracia y soltura y ya está.
A veces me pregunto de qué tienen miedo...¿Qué las paraliza?
Tal vez el miedo a la reacción de las otras personas ¿o el miedo a sus propios sentimientos?
¿El miedo a que las hagan caer de un supuesto pedestal?
Miedo tal vez a que la sociedad las juzgue... ¿O miedo provocado por sus prejuicios?
¿Miedo a que las situaciones se desquicien, los sentimientos enloquezcan, los deseos se desaten, los pensamientos se enreden y estallen  como fuegos artificiales?
¡Aleluya! ¡Alegría! ¡Festejemos! ¡Eso es la vida!
Claro, no, no toda la vida, pero ¿qué tal si nos soltamos un poco de las seguridades, de nuestra estructurada, medida, pesada, predecible y controlada vida?
¿Qué tal si una mañana de estas nos despertamos con esas ansias irreprimibles de dejar libres nuestros sentimientos...y nos permitimos hacerlo?

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