Me gusta ver a las personas detrás de los mil gestos imperceptibles que las delatan.
Aquellos gestos que se escapan por las fisuras de sus máscaras, los que aparecen subrepticiamente cuando se aflojan y el disfraz se les desacomoda.
Me gusta encontrar el gesto inconciente, el tono de voz escapado de control, la mirada desbordada por un sentimiento...Solo entonces vemos los hilos que tejen la trama de la vida de esas personas, los verdaderos, los que la impulsan, los que mantenemos siempre mas o menos escondidos, porque mostrarlos nos haria tremendamente vulnerables.
Algunas personas hacen un arte de esto de esconder profundidades y mostrar superficies, y tan automatizadas están que solo el cataclismo de un sentimiento desconocido los desquicia.
Entonces, claro, verdaderamente se desquician, porque ya no pueden ir y venir aceitadamente por la vida.
Y esto es extraordinario: para quien lo siente es el enorme regalo de permitirse vivir algo diferente, y para quien lo ve, el asombroso descubrimiento, en vivo y en directo, de la capacidad para romper sacos de fuerza que tienen los sentimientos
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