jueves, 16 de junio de 2011

¿Cuántos muertos tiene usted en su ropero?

¿Ninguno? A ver, revisemos juntas, abra la puerta...
Ah, ¿Y este arrepentimiento que sale llorando? ¿ y esta pena que asusta? ¿y este abandono que se hamaca? ¿ y esta locura que grita? ¿ y esta bronca atada y amordazada?

Oh, ¿ Y este amor prohibido que se acurruca en el fondo? ¿ Y estas soberbias que saltan?
¿ y esas avaricias que esconden sus manos? ¿ y esas infidelidades que se rien de nosotros?

¡Ay, todos nuestros muertos! Los que nos pesan en nuestros recuerdos, los que tenemos guardados en nuestra conciencia...o peor : los muertos que les criticamos malamente a los demás, casi siempre sin darnos cuenta que son el reflejo de los que mantenemos encerrados dentro de nosotros...

Susto de espanto cuando un vuelco de la vida nos abre los ojos y se nos aparecen de golpe, todos mirando...momento vital para afirmar las raices, pararnos de frente y darles su merecido a cada uno:
Dándoles la mano, invitándolos a salir  y ofreciéndoles lo que cada uno necesite:
Olvido, aceptación, perdón, humildad. Los espacios que vayan quedando cuando todos ellos vayan desapareciendo , sin darnos cuenta, se van a ir llenando de luz, de alegria y de paz.
Entonces vamos a aprender a querernos a nosotros mismos...paso previo indispensable para querer de verdad a los demas.

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