martes, 13 de septiembre de 2011

Espinas

Alguien me dijo uno de estos días:
_ ¡Hay gente tan miserable que supera mi capacidad de asombro!

Seguro todos tenemos miserias chicas y grandes, mas o menos escondidas en el alma y el cerebro, miserias encadenadas por la decencia, la vergüenza o el miedo.
¡Qué asombro tienen esos amigos de noches estiradas en vino, café y confidencias, cuando de un resquicio se me suelta alguna frase que muestra, desnuda, alguna de mis miserias!
Entonces me miran como descubriéndome en otra dimensión, en mis medidas verdaderas, en mis pequeñeces escondidas, arrinconadas, sofocadas.
Y quizás les asuste descubrir cosas que preferirían no saber, pero lo que realmente les pone la piel de gallina es que les estoy ofreciendo pedazos de mi alma, que en realidad les estoy diciendo que  confío tanto que no tengo el menor temor de que me hagan daño, es mas, estoy segura que me van a entender y van a palanquear mi alma para sacarla de entre los escombros y hacerla andar otra vez.
Es cierto, hay gente que va juntando (voluntaria o involuntariamente) miserias desde que están gestándose en las panzas de sus madres, y luego (voluntaria o involuntariamente) las van desparramando durante toda la vida.
Pero tal vez  también nosotros necesitemos un espejo en el que mirarnos. Tal vez toda una vida de comportamiento educado nos ha mantenido encerradas a presión miserias que, como erizos, asoman sus púas en palabras y acciones.
¿Estamos seguros de tener cerca alguien que nos quiera tanto como para abrazarnos hasta gastar las púas? ¿que nos obligue pacientemente a sacar, arrancar, limar, tirar para afuera todas las púas que lastiman para afuera y para adentro?
¿Estamos dispuestos a dejarnos abrazar, aún sabiendo que arrancarnos las púas nos va a doler a veces como un granito y a veces como una cirugía mayor?
Lo bueno es que, seguro, contamos para esto con las personas que nos aman, no tanto por solidarias, sino porque son ¡pobres de ellas! las primeras que reciben los golpes de nuestras miserias y la increible variedad de nuestras excusas.

2 comentarios:

  1. Qué lindo!!! y es verdad lo de los momentos en los que nos sentimos tan seguros y tan confiados que abrimos el corazón y lo dejamos ver y cómo duele después cuando algunos utilizan lo que descubrieron de nosotros para hacernos daño.

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