¿En qué lugar del cuerpo nacen nuestros miedos?
Anudan la garganta, estrujan el estómago, hacen temblar las rodillas, licuan los intestinos...¿Dónde nace semejante catástrofe?
Es como si en un segundo se apagaran las luces de nuestro ser y los pensamientos se atropellaran en las bocacalles del cerebro y el alma confundiera las sombras de lo inesperado con monstruos infernales.
Debe ser, sospecho yo, un lugar, un espacio a medio camino entre el alma y el cerebro, donde se alojan y se alimentan los fantasmas del miedo.
Cuando nos conozcamos tanto como para animarnos a andar por esos recovecos oscuros e inciertos, cuando las luces estallen en el alma, alumbrando amores y deseos, cuando el tiempo nos diga que ya no hay tanta vida para andar perdiendo tanto tiempo, entonces, seguro, asombrados, nos daremos cuenta que por algún lugar hemos dejado olvidados todos nuestros miedos.
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