domingo, 16 de octubre de 2011

destinos

Cada rostro es un misterio, cada rostro que pasa con sus secretos,  sus gestos, sus marcas.
Me gusta sentarme, anónima y callada, a mirar los rostros de la gente que pasa, miles de rostros diferentes, pero igualados en los gestos, porque iguales para todos son los sentimientos que los crean y los desatan.
Me gusta sentarme en las estaciones a mirar la gente que viaja, olvidada de mis propias valijas y mis destinos para irme a transitar los caminos inventados a los infinitos rostros que por un instante me acompañan.
Tal vez es la vida misma la que me intriga, me atrae, se me escapa, el andar en el tiempo con nuestras cargas y nuestras distancias, la sensación de vibrar, de correr, descansar, abrir los ojos, sentarse, escuchar, andar a los saltos, vivir y vivirse, sentirse, absorber los sonidos, los aromas, los sabores, las texturas, todo.
Atesorar las cosas y las personas que nos fueron rozando, limándonos para hacernos mas suaves, raspándonos haciendo marcas en la piel y la memoria, golpeándonos dejando moretones que nos hicieron cambiar rumbos y destinos.
Desde que gateamos, impulsados por saber qué hay mas allá de nuestra cuna, hasta que nos llevan a ver qué hay mas allá de esta vida, todo es viaje, todo es poner y sacar de las valijas...
Creo, seguro, que si nos animamos a abrirlas, nos va a sorprender la cantidad de cosas que guardamos de hace tanto tiempo, que solo nos están haciendo peso, dificultándonos disfrutar el camino mientras andamos de estación en estación...

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