domingo, 7 de agosto de 2011

Enredos

¿Todos los ovillos tienen punta?
A veces parece que a los ovillos los hubieran hecho gatos enloquecidos, que al final, para terminar de burlarse de nosotros, escondieron tan bien las puntas que somos incapaces de encontrarlas.
Porque los gatos saben de nuestras debilidades y de nuestras incapacidades, y las aprovechan para vivir bien y para mirarnos desde las alturas de su soberbia y de su insensibilidad.
Y maullan de risa ante nuestra confusión, y se estiran al sol mientras nosotros nos desesperamos buscando soluciones, y miran para otro lado mientras nosotros, los ilusos de la vida, solos o juntos, de noche y de día, damos vueltas y vueltas a los ovillos, buscando las puntas perdidas.
Es que los ovillos nos superan, porque somos pocos los que de verdad queremos desenredar la vida.
Y son muy pocos los que les conviene que los ovillos sigan.
Los que son muchos, pero muchos, son los que están en el medio, tapando las puntas con sus miedos, oscureciendo con sus egoismos, enredando con su ignorancia, ocultando con su comodidad, mientras los ovillos se agrandan y se agrandan.
Acaso los que tienen miedo sienten que no vale la pena oponerse al poder, los ignorantes naufragan en las indecisiones mientras el tiempo pasa y los cómodos piensan que siempre fue igual, asi que para qué...
Lo cierto es que todos estos que se sienten víctimas, difícilmente sientan culpa, ni responsabilidad, ni motivación suficiente para organizarse y cambiar.
Cambiar ¡Ja! Esa sola palabra ya asusta a mucha gente, y provoca mohínes de incredulidad a muchas otras. Hay quienes sonríen ante nuestra ilusión, y lo mas patético: los que se acusan mutuamente ( generalmente en ausencia del acusado) y asi logran sentirse los santos inocentes del problema.
Pero, llegados aquí, todavía nos preguntamos: ¿Cómo encontrar la punta del ovillo? ¿Cómo desenredarlo?
Yo creo que una vez mas debiéramos ser lo suficientemente humildes como para poder tomar ejemplo de los animales:
De la extraordinaria organización de las hormigas.
De la celosa defensa de las instituciones de las avispas.
Del cuidado mutuo de los monos.
De la paciencia y la dedicación con que las aves enseñan a volar a sus pichones.
De la valentía de la gallina para defender a sus pollitos.
De la solidaridad con que las ballenas nodrizas ayudan a nacer al bebé ballena.
De la habilidad del halcón para ver las cosas desde lejos y centrarse en el objetivo.
Y seguramente, mas que nada, de la alegría con que todos los pájaros inician cada mañana su trabajo, con la total seguridad de que va a ser un buen día, si aportan con fe y con alegría su gota al océano de la vida.

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